La lumbalgia o lumbago, es el dolor localizado en la parte baja de la espalda. Es un dolor local que puede irradiarse a una o ambas piernas. Esta patología puede afectar a hombres y mujeres de todas las edades. Sin embargo, es común que la padezcan deportistas. Debido a los grandes esfuerzos que realizan, a malas posturas o a movimientos repetitivos.

Síntomas de la lumbalgia

La lumbalgia suele manifestarse a través de la aparición de dolor local en la parte baja de la espalda, o dolor irradiado hacia una o ambas piernas. Otro de los síntomas más comunes es la inflamación y la presencia de contracturas musculares.

Además, según la gravedad del lumbago y el grado de afectación del paciente, pueden producirse alteraciones en la sensibilidad, como hipoanestesia, anestesia, hiperestesia u hormigueo; al igual que alteraciones de movimiento, como parálisis o paresia, entre otros síntomas.

Causas de la lumbalgia

Según diversos estudios, el dolor lumbar se produce por un mecanismo neurológico que activa los nervios que transmiten dolor. Dicho mecanismo se desencadena por un cambio en la estructura de la columna vertebral, pudiendo ser ocasionada por una hernia discal o la degeneración de alguna articulación, aunque en la mayoría de los casos, se atribuye la causa del dolor a una contractura o sobrecarga muscular.

Las causas más comunes de la lumbalgia son las de origen mecánico, ya sean escoliosis, contracturas musculares por sobrecargas, la degeneración del disco intervertebral o las articulaciones posteriores vertebrales, osteoporosis o algún traumatismo.

En los deportistas es común la aparición de la lumbalgia por sobrecargas musculares o por traumatismos violentos, siendo los triatletas y los jugadores de fútbol ejemplos comunes de los afectados.

Tratamiento para el lumbago

Los médicos coinciden en que, para tratar la lumbalgia, los pacientes deben evitar el reposo absoluto. Y de ser totalmente necesario, establecer un límite de 3 días del mismo.

En consonancia con lo anteriormente mencionado, se recomienda mantenerse tan activo como sea posible, intentando volver a su ritmo de trabajo tan pronto como pueda.

Aplicar calor o frío es otra forma de aliviar los síntomas, aunque esta medida no cuente con el aval científico, se puede hacer uso de estos medios si surte efecto para minimizar las dolencias. Generalmente, el frío se aplica en la zona inmediatamente al ocurrir la lesión y el calor se aplica en la reagudización de las dolencias crónicas.

Es importante conocer y aplicar las normas de higiene postural, pues es lo que ayudará al paciente a adoptar posturas y realizar movimientos y esfuerzos de manera correcta, evitando sobrecargas en la espalda al minimizar las cargas en la zona. Esto con el fin de que, si el paciente debe hacer algún esfuerzo, pueda hacerlo sin ocasionarse un daño mayor.