La hiperqueratosis plantar, conocida popularmente como callos, son producto de la fricción o presión continua en zonas del pie específicas y corresponden al engrosamiento de la capa córnea de la epidermis cuya función no es más que la de protección.

En la mayoría de los pacientes los callos no suelen generar síntomas. Sin embargo, se corre el riesgo de irritación si el estímulo de roce es extremo, lo que a su vez pudiera desencadenar episodios de ardor y dolor.

Callos y callosidades

Los callos tienden a formarse en la eminencia metatarsiana o bola del pie debido a una mala distribución de peso y a posiciones incorrectas del pie. Aunque también es habitual encontrarlos en los laterales del mismo, ya que son áreas sometidas a presión de forma reiterativa y por largos períodos.

Su diagnóstico se basa netamente en la evaluación clínica, el cual debe ser realizado por profesionales de la salud especializados en podología que cuenten con las mejores certificaciones y largos años de experiencia en el campo.

Tratamiento para los callos

La medida principal que nuestros médicos recomiendan para curar las callosidades es suprimir los elementos causantes de su aparición, como, por ejemplo, utilizar un calzado cómodo que no ajuste y colocar plantillas protectoras en sus zapatos. 

No obstante, si el callo persiste o se vuelve doloroso, lo indicado es acudir a un podólogo y considerar las siguientes opciones terapéuticas:

  • Eliminación manual: puede realizarse en casa después del baño con ayuda de una piedra pómez o una lima para uñas, realizando una abrasión mecánica del tejido hiperqueratótico.
  • Queratolíticos: las sustancias queratolíticas, como el ácido salicílico al 17% y la urea al 40% son excelentes opciones exfoliantes capaces de retirar el exceso de estrato córneo y estimular la regeneración celular.
  • Modificación de la biomecánica del pie: las plantillas y almohadillas son instrumentos que favorecen la correcta biomecánica del pie, por lo tanto tienen la propiedad de prevenir la aparición de trastornos de la queratinización podal y al mismo tiempo tratar los existentes. La clave de su efectividad está en la redistribución del peso y en la disminución de la presión que ofrecen en la zona afectada.
  • Remoción quirúrgica: la cirugía del pie está reservada solo para casos puntuales y se emplea para corregir la alineación del hueso causante de la fricción, especialmente en pacientes con patologías subyacentes como diabetes y problemas de circulación sanguínea en virtud de su predisposición a formar úlceras.

Prevención

Evitar callos en los pies es sumamente sencillo, pues basta con seguir las siguientes medidas:

  • Usar un calzado cómodo que se adecue a la configuración del pie y que proporcione al dedo gordo suficiente espacio para moverlo sin problema.
  • Disminuir al máximo el uso de zapatos como estiletos o cualquier modelo de punta angosta.
  • Aplicar crema hidratante a diario en todo el pie.
  • Proteger las partes sensibles a la aparición de callos en el pie (talones y articulaciones) cuando se realize actividad física, con almohadillas amortiguadoras o vaselina para aminorar al máximo el efecto del roce.